Henruz: «La búsqueda de muchos que vienen de otro lugar es intentar encajar».

Entre muros, aviones y azulejos, el artista chileno Henruz reflexiona sobre lo que significa encajar lejos de casa. A lo largo de su trayectoria académica, artística y migratoria, el licenciado en Educación, profesor de Artes Visuales y máster en Arte y Producción ha convertido la pintura y el muralismo en un lenguaje de conexión con la comunidad. En esta entrevista, habla de su paso del grafiti al arte contemporáneo, del uso de la mezcla de técnicas como forma de representación, de su exposición actual Encajar y del papel del arte a la hora de conectar con otros lugares y personas.
¿Hace cuánto pintas en la calle? ¿Cómo empezaste a hacerlo?
Desde los 14 años. Tengo 39. Comencé con el grafiti, en la calle. Fue una moda el hip-hop en los años 2000; ya estaba posicionado y en todos los barrios había hip-hop. Era la moda de la época. Me juntaba con mucha gente en la plaza que hacía cosas de hip-hop. Había gente que rapeaba, que hacía breakdance, grafitis… Y como yo no servía para ninguna, salvo para dibujar, empecé a meterme en el tema de las letras, pero nunca se me dio bien. Entonces estuve mucho tiempo en el grafiti, buscando mi identidad y no encontraba nada.
Cuando entré a la universidad decidí dejar de pintar en la calle y volví a hacerlo en el último año, pero con otra técnica, la del stencil, las plantillas. Desde ahí empecé a buscar otros recursos que me han servido hoy día para pintar de la forma en que pinto, porque meto stencil dentro de mis pinturas y hago una mezcla de cosas de todo lo que he aprendido en la vida.
¿Por qué te ha interesado el hacer arte en la calle y no otro tipo de pinturas?
Me interesa la calle porque tiene contacto directo con la gente. En una exposición todo el mundo está muy empaquetado; no te dicen mucho la verdad de lo que piensan de tu trabajo, y dependiendo del lugar no siempre es muy abierto a todo público.
En cambio, la calle está expuesta a gente que no consume arte, como a gente que sí, y puede pasar cualquier cosa. Me parece mucho más interesante la calle como soporte para la relación con la gente, que también es un punto principal del arte: su vínculo con la comunidad.
Más siendo profe también, cada vez que pinto en la calle, si hay niños o gente que quiere pintar y aprender, apoyo que se sumen y poder enseñarles un poco de lo que sé en el momento.
Creo que hay muchos factores de pintar en la calle que hacen que tenga una honestidad que el cuadro no tiene. Porque el cuadro puede llegar a ser honesto, pero también se basa en algo mucho más íntimo. Yo estoy acá encerrado en el taller, pintando mis cosas, con mi música, y no converso con nadie. Es solo el cuadro y yo.
En la calle, no. En la calle son el muro, las palomas que te cagan en el muro, los animales, los perros que se te cruzan, la gente de todo tipo, los comentarios para bien y para mal. Creo que el dinamismo de cualquier ciudad está basado en eso: en cómo se relaciona la ciudad con su entorno y, en este caso, el arte con su entorno. Además, entender que el arte es una expresión también de la ciudad.
¿Qué te llevó a hacer esta exposición?
En realidad, esta exposición es más de lo personal. Si bien hablo en mi trabajo de cosas que tienen que ver con la identidad, con una búsqueda entre el mestizaje, y hablo de esas cosas en general, ahora me fui en un proceso.
Empecé a ir todos los lunes al Corral de Esquivel, al flamenco que hacen ahí. Vi que había un espacio para exponer y que había exposiciones constantemente, entonces dije: “Bueno, me gustaría exponer acá. Si vengo a ver el flamenco y quiero estar en contacto con lo que pasa aquí, me gustaría exponer aquí”.
Pregunté, y justo se dieron muchas casualidades: estaba la persona que organiza las exposiciones y, aunque no había fecha hasta un año más, se abrió un cupo en noviembre porque se bajó la persona que iba a exponer.
Y ahí fue como: “¿Ya? ¿Y qué presento?”. Empecé a cuestionar eso. Y decidí armar una exposición que se llama Encajar, porque en realidad es como mi búsqueda personal, o creo que la búsqueda de muchos, cuando no son de un lugar y quieren, por lo menos, intentar encajar.
¿En qué sentido se refleja eso en tu obra?
En mi caso, desde mi lenguaje visual. Desde utilizar los azulejos andaluces como recurso. Todo lo que estoy presentando son, o la mayoría, animales, y están como encajonados, metidos dentro del cuadro, como apretados.
La idea es hablar de eso, una metáfora del encajar dentro de un espacio que no es el tuyo, pero al que igual te encajas a la fuerza. A veces encaja, a veces no encaja, a veces no tiene sentido lo que están tratando de encajar. Por eso el cartel es un animal con dos cabezas, que no tiene sentido: es ver que no encaja por ningún lado, pero está ahí, encajado dentro del cuadro. Y así le di vuelta a ese concepto.
“Al final, todos somos un poco animales arraigados a un entorno.”
Claro, el tema de los animales parte porque mis primeros cuadros sobre este estilo y esta técnica fueron basados en figuras de animales precolombinos.
Por ejemplo, una escultura de la llama del Museo Chileno de Arte Precolombino: la dibujo a mi manera, basándome en la escultura, pero también en el trazado del muralismo chileno, muy característico. Es esa línea negra y gruesa que lo define. Entonces, para no meterle el negro directo, también lo pienso y decido trabajar con violeta, que tiene una carga y un peso visual, y puede jugar con los colores. Además, tiene una razón académica.
¿Y todos tienen ese trazo chileno que mencionas?
Sí. Lo que hago es tomarlo y hacerlo encajar en mi formato, además de basarme en el muralismo chileno. Yo vengo del muralismo chileno, estoy en Sevilla con todo esto de los azulejos andaluces, y la pintura contiene el animal que es uno, basado en algo que viene de mi historia pasada, que no la conozco.
Investigo una referencia visual de un animal de arte precolombino, le doy la vuelta y lo que hago es tomarlo y doblarlo para hacerlo encajar en mi formato, y trabajarlo con otras técnicas.
¿Te ha inspirado para esta obra tu experiencia personal lejos de tu país?
Más que hablar de mi experiencia personal, intento hablar de esos lenguajes de alguien que esté viviendo cosas como la migración, otras formas de ver el conectarse con un lugar.
No quiero decir “es mi vida”, porque tampoco es mi vida. Son reflexiones sobre un proceso que tiene que ver con alguien que se mueve y que, en este caso, claro, lo estoy viviendo, lo estoy sintiendo y lo estoy tratando de plantear de alguna manera.
Puede que a alguien que esté pasando lo mismo no le llegue en absoluto, como puede que sí. Hay gente que lo entiende rápido y dice: “Oh, verdad, yo estoy tratando de encajar”. Y hay gente que no.
También, dentro de ese encajar, me pasó que en Austria el idioma es alemán: no entendía una mierda. Hablaba en inglés un poco, lo que sé, y podía mantener conversaciones, pero no era una comunicación tan fluida. Aparte, pierdes el humor, pierdes un montón de cosas en otro idioma, y ahí empecé a cuestionarme cómo conecto con esta gente que no habla mi idioma.
Decidí empezar a pintar cosas de cuentos conocidos. Ahí pinté el de La Caperucita Roja y otros dos que dejé allá: uno de Alicia en el País de las Maravillas y otro de un cuento de los hermanos Grimm.
También es una forma de encajar: cómo me comunico, cómo hago entender. Quiero que la gente de otro país que no habla mi idioma vea mi trabajo y lo entienda. Entonces fue otra forma de buscar una conexión.
Exposición: Encajar
Artista: Henruz
Lugar: Corral de Esquivel, Sevilla
Fechas: 13/11/2025 – 17/11/2025
