La inserción laboral juvenil en España está atrapada en un círculo vicioso: se exige experiencia incluso para empleos básicos, lo que impide a los jóvenes adquirirla. España mantiene una de las tasas de paro juvenil más altas de Europa, lo que genera precariedad, frustración y retraso en la emancipación. Esta situación empuja a muchos a aceptar trabajos no declarados o a falsear su currículum. Reclama un mercado laboral que ofrezca primeras oportunidades reales y valore el potencial, no solo la experiencia previa.
La generación Z en España vive con ansiedad por la precariedad laboral, la dificultad de independizarse y la presión constante de las redes sociales. Muchos sienten que “van tarde” en la vida, reflejando un problema generacional más que individual.
